EVANGELIO SEGUN SAN MATEO

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO


EL EVANGELIO DE LA INFANCIA DE JESÚS



Genealogía de Jesús

Lc. 3. 23-38
1 1 Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: 2  Abraham fue padre de Isaac;Isaac, padre de Jacob;Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
3
 Judá fue padre de Fares y de Zará,y la madre de estos fue Tamar.
Fares fue padre de Esrón;
Esrón, padre de Arám;
4
 Arám, padre de Aminadab;
Aminadab, padre de Naasón;
Naasón, padre de Salmón.
5
 Salmón fue padre de Booz,y la madre de este fue Rahab.
Booz fue padre de Obed,y la madre de este fue Rut.
Obed fue padre de Jesé;
6
 Jesé, padre del rey David.
David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
7
 Salomón fue padre de Roboám;
Roboám, padre de Abías;
Abías, padre de Asaf;
8
 Asaf, padre de Josafat;
Josafat, padre de Jorám;
Jorám, padre de Ozías.
9
 Ozías fue padre de Joatám;
Joatám, padre de Acaz;
Acaz, padre de Ezequías;
10
 Ezequías, padre de Manasés.
Manasés fue padre de Amós;
Amós, padre de Josías;
11
 Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos,durante el destierro en Babilonia.
12
 Después del destierro en Babilonia:
Jeconías fue padre de Salatiel;
Salatiel, padre de Zorobabel;
13
 Zorobabel, padre de Abiud;
Abiud, padre de Eliacím;
Eliacím, padre de Azor.
14
 Azor fue padre de Sadoc;
Sadoc, padre de Aquím;
Aquím, padre de Eliud;
15
 Eliud, padre de Eleazar;
Eleazar, padre de Matán;
Matán, padre de Jacob.
16
 Jacob fue padre de José,el esposo de María,de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
17
 El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

La concepción virginal y el nacimiento de Jesús

Lc. 2. 1-7
18 Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. 19José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. 20 Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. 21 Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
22
 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
23
 La Virgen concebirá
y dará a luz un hijo a quien pondrán
el nombre de Emanuel,
que traducido significa: «Dios con nosotros».
24
 Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, 25 y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.

La visita de los magos

2 1 Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2 y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo». 3Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. 4 Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. 5 «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
6
 Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor
entre las principales ciudades de Judá,
porque de ti surgirá un jefe
que será el Pastor de mi pueblo, Israel».
7
 Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, 8 los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje». 9 Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. 10 Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, 11 y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. 12 Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

El exilio de Jesús en Egipto

13 Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». 14 José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. 15 Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta:
Desde Egipto llamé a mi hijo.

La matanza de los inocentes

16 Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado. 17 Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías:
18
 En Ramá se oyó una voz,
hubo lágrimas y gemidos:
es Raquel, que llora a sus hijos
y no quiere que la consuelen,
porque ya no existen.

El regreso de Egipto.

19 Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, 20 y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». 21 José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. 22 Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, 23 donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas:
Será llamado Nazareno.
 

LA PROMULGACION DEL REINO DE LOS CIELOS


PARTE NARRATIVA


La predicación de Juan el Bautista

Mc. 1. 2-8 Lc. 3. 3-9, 15-17                Jn. 1. 23, 26-27
3 1 En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:2 «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». 3 A él se refería el profeta Isaías cuando dijo:
Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos.
4
 Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. 5 La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, 6 y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
7
 Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: «Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? 8Produzcan el fruto de una sincera conversión, 9 y no se contenten con decir: “Tenemos por padre a Abraham”. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 11 Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. 12 Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible».

El bautismo de Jesús

Mc. 1. 9-11 Lc. 3. 21-22.
13 Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. 14 Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!». 15 Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.
16
 Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. 17 Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

Las tentaciones de Jesús en el desierto

Mc. 1. 12-13 Lc. 4. 1-13
4 1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. 2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. 3Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». 4 Jesús le respondió: «Está escrito:
El hombre no vive solamente de pan,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».
5
 Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, 6 diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
Dios dará órdenes a sus ángeles,
y ellos te llevarán en sus manos
para que tu pie no tropiece con ninguna piedra».
7
 Jesús le respondió: «También está escrito:
No tentarás al Señor, tu Dios».
8
 El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, 9 y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme». 10 Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito:
Adorarás al Señor, tu Dios,
y a él solo rendirás culto».
11
 Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

El comienzo de la predicación de Jesús

Mc. 1. 14-15 Lc. 4. 14-15
12 Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. 13 Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, 14 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
15
 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,
camino del mar, país de la Transjordania,
Galilea de las naciones!
16
 El pueblo que se hallaba en tinieblas
vio una gran luz;
sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte,
se levantó una luz.
17
 A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».

Los primeros discípulos

Mc. 1. 16-20 Lc. 5. 1-11
18 Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. 19 Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». 20Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
21
 Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. 22 Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

La actividad de Jesús en Galilea

9. 35 Lc. 4. 44 Mc. 1. 39; 3. 7-8 Lc. 6. 17-18
23 Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. 24 Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.25 Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. 

EL SERMÓN DE LA MONTAÑA

Las Bienaventuranzas
Lc. 6. 20-23
5 1 Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. 2 Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
3
 «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
4
 Felices los afligidos, porque serán consolados.
5
 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
6
 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
7
 Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
8
 Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
9
 Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
10
 Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
11
 Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
12
 Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.

La sal de la tierra y la luz del mundo

Mc. 9. 50 Lc. 14. 34-35 Mc. 4. 21 Lc. 8. 16; 11. 33
13 Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
14
 Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. 15 Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. 16Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Jesús y la Ley\bLc. 16. 17

17 No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18 Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 19 El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
20
 Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

El homicidio\bLc. 12. 58-59

21 Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal. 22 Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego. 23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, 24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

El adulterio

18. 8-9 Mc. 9. 43-47
27 Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio28 Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. 29 Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. 30 Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

El divorcio

19. 9 Mc. 10. 11-12 Lc. 16. 18
31 También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.32 Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

El juramento

33 Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey36 No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. 37Cuando ustedes digan “sí”, que sea sí, y cuando digan “no”, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

La ley del talión

Lc. 6. 29-30
38 Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente39 Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40 Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41 y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 42 Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

El amor a los enemigos

Lc. 6. 27-28, 32-36
43 Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 45 así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. 46 Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? 47 Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

La limosna

6 1 Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

La oración

5 Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 6 Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 7 Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 8 No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

El Padrenuestro

Lc. 11. 1-4 Mc. 11. 25
9 Ustedes oren de esta manera:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre,
10
 que venga tu Reino,
que se haga tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
11
 Danos hoy nuestro pan de cada día.
12
 Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos han ofendido.
13
 No nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del mal.
14
 Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. 15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

El ayuno

16 Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. 17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 18 para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

El verdadero tesoro

Lc. 12. 33-34
19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.

La luz interior

Lc. 11. 34-36
22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado.23 Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

Dios y las riquezas

Lc. 16. 13
24 Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

La confianza en la Providencia

Lc. 12. 22-31
25 Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? 26 Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? 27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? 28 ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. 29 Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. 30 Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! 31 No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”. 32Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. 33 Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. 34 No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

La benevolencia para juzgar

Lc. 6. 37-38, 41-42 Mc. 4. 24
7 1 No juzguen, para no ser juzgados. 2 Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. 3 ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? 4¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Deja que te saque la paja de tu ojo”, si hay una viga en el tuyo? 5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

El respeto por las cosas sagradas

6 No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

La eficacia de la oración

Lc. 11. 9-13
7 Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. 8 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? 10 ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? 11 Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre de ustedes que está en el cielo dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!

El resumen de la Ley

Lc. 6. 31
12 Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

El camino de la Vida

Lc. 13. 24
13 Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. 14 Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Los falsos profetas

12. 33 Lc. 6. 43-44
15 Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? 17 Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. 18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos. 19 Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. 20 Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.

Los auténticos discípulos de Jesús

Lc. 6. 46; 13. 26-27
21 No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. 22 Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?”. 23 Entonces yo les manifestaré: “Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal”.

Necesidad de practicar la Palabra de Dios

Lc. 6. 47-49
24 Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. 25 Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca. 26 Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. 27 Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande».

Conclusión

Mc. 1. 21-22 Lc. 4. 31-32
28 Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, 29 porque él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas.

LOS SIGNOS Y LA PREDICACIÓN DEL REINO DE LOS CIELOS


PARTE NARRATIVA


Curación de un leproso
Mc. 1. 40-44 Lc. 5. 12-14
8 1 Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. 2 Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: «Señor, si quieres, puedes purificarme». 3Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante quedó purificado de su lepra. 4 Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio».

Curación del sirviente de un centurión

Lc. 7. 1-10; 13. 28-29 Jn. 4. 46-53
5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole: 6 «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». 7 Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo». 8 Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: “Ve”, él va, y a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “Tienes que hacer esto”, él lo hace».
10
 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; 12 en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes». 13 Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído». Y el sirviente se curó en ese mismo momento.

Curación de la suegra de Pedro

Mc. 1. 29-31 Lc. 4. 38-39
14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.

Diversas curaciones

Mc. 1. 32-34 Lc. 4. 40-41
16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 17 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
Él tomó nuestras debilidades
y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

Exigencias de la vocación apostólica

Lc. 9. 57-60
18 Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. 19 Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas». 20 Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
21
 Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre». 22 Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

La tempestad calmada

Mc. 4. 35-41 Lc. 8. 22-25
23 Después Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. 24 De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. 25 Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!». 26 Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. 27 Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Curación de los dos endemoniados de Gadara

Mc. 5. 1-20 Lc. 8. 26-39
28 Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. 29 Y comenzaron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?». 30 A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. 31 Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara». 32 Él les dijo: «Vayan». Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
33
 Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. 34 Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Curación de un paralítico

Mc. 2. 1-12 Lc. 5. 17-26
9 1 Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. 2 Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados». 3 Algunos escribas pensaron: «Este hombre blasfema». 4 Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? 5 ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate y camina”? 6 Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». 7 Él se levantó y se fue a su casa. 8 Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

El llamado de Mateo

Mc. 2. 13-14 Lc. 5. 27-28
9 Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.

La actitud de Jesús hacia los pecadores

Mc. 2. 15-17 Lc. 5. 29-32
10 Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. 11 Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?». 12Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. 13 Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

Discusión sobre el ayuno

Mc. 2. 18-22 Lc. 5. 33-39
14 Entonces se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?». 15 Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
16
 Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande. 17 Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!».

Curación de una mujer y resurrección de una niña

Mc. 5. 21-43 Lc. 8. 40-56
18 Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá». 19 Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
20
 Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, 21 pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada». 22 Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado». Y desde ese instante la mujer quedó curada.
23
 Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: 24 «Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme». Y se reían de él. 25 Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó.26 Y esta noticia se divulgó por aquella región.

Curación de dos ciegos

27 Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David». 28 Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron, y él les preguntó: «¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?». Ellos le respondieron: «Sí, Señor». 29Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Que suceda como ustedes han creído». 30 Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: «¡Cuidado! Que nadie lo sepa». 31 Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.

Curación de un mudo

12. 22-24 Lc. 11. 14-15 Mc. 3. 22
32 En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado.33 El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: «Jamás se vio nada igual en Israel». 34 Pero los fariseos decían: «Él expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios».

Compasión de Jesús por la multitud

4. 23 Mc. 6. 34 Lc. 10. 2
35 Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.36 Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 38 Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha».

INSTRUCCIÓN A LOS MISIONEROS

0 1 Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. 2 Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; 4 Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Misión de los Doce

Mc. 6. 7-11 Lc. 9. 2-5
5 A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. 6 Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 7 Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. 8 Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. 9 No lleven encima oro ni plata, ni monedas, 10 ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
11
 Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. 12 Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. 13 Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. 14 Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies. 15 Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.

La persecución a los Apóstoles

Mc. 13. 9-13 Lc. 21. 12-19; 12. 11-12
16 Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
17
 Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. 18 A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. 19 Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, 20 porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
21
 El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. 22 Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. 23 Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.

La valentía de los Apóstoles

Lc. 6. 40 Jn. 13. 16; 15. 20 Mc. 4. 22              Lc. 8. 17; 12. 2-7 Mc. 8. 38 Lc. 9. 26; 12. 8-9
24 El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. 25 Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa! 26 No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. 27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. 28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. 29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. 30Ustedes tienen contados todos sus cabellos. 31 No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. 32 Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. 33 Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Jesús, signo de contradicción

Lc. 12. 51-53; 14. 26-27; 9. 23-24; 17 . 33
Mt. 16. 24-25 Mc. 8. 34-35
34 No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. 35 Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra36 y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
37
 El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 38 El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. 39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

La manera de recibir a los Apóstoles

18. 5 Mc. 9. 37, 41 Lc. 9. 48; 10. 16 Jn. 13. 20
40 El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. 41 El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. 42Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

EL MISTERIO DEL REINO DE LOS CIELOS


PARTE NARRATIVA


Los signos mesiánicos

Lc. 7. 18-23
11 1 Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.
2
 Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: 3 «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?».4 Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: 5 los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. 6 ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!».

Testimonio de Jesús sobre Juan el Bautista

Lc. 7. 24-30; 16. 16
7 Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: «¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? 8 ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. 9 ¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. 10 Él es aquel de quien está escrito:
Yo envío a mi mensajero delante de ti,
para prepararte el camino.
11
 Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él. 12 Desde la época de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo. 13 Porque todos los Profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan. 14 Y si ustedes quieren creerme, él es aquel Elías que debe volver. 15 ¡El que tenga oídos, que oiga!

Reproche de Jesús a sus compatriotas

Lc. 7. 31-35
16 ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros:
17
 “¡Les tocamos la flauta,
y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres,
y no lloraron!”.
18
 Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Ha perdido la cabeza!”.19 Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras».

Lamentación por las ciudades de Galilea

Lc. 10. 12-15
20 Entonces Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido. 21 «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza. 22Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. 23 Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría. 24 Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú».

La revelación del Evangelio a los humildes

Lc. 10. 21-22
25 En aquel tiempo, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. 26  Sí, Padre, porque así lo has querido. 27 Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28
 Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 29 Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga liviana».

Discusión sobre el sábado

Mc. 2. 23-28 Lc. 6. 1-5
12 1 En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas. 2 Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado». 3 Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, 4 cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? 5 ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? 6 Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. 7 Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. 8 Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado».

Curación de un hombre en sábado

Mc. 3. 1-6 Lc. 6. 6-11
9 De allí, Jesús fue a la sinagoga de los fariseos, 10 donde se encontraba un hombre que tenía una mano paralizada. Para poder acusarlo, ellos le preguntaron: «¿Está permitido curar en sábado?». 11 Él les dijo: «¿Quién de ustedes, si tiene una sola oveja y esta cae a un pozo en sábado, no la va a sacar? 12 ¡Cuánto más vale un hombre que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer una buena acción en sábado». 13Entonces dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él la extendió, y la mano enferma quedó tan sana como la otra. 14 En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.

Jesús, el «Servidor del Señor»

15 Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos.16 Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, 17 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
18
 Este es mi servidor, a quien elegí,
mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección.
Derramaré mi Espíritu sobre él
y anunciará la justicia a las naciones.
19
 No discutirá ni gritará,
y nadie oirá su voz en las plazas.
20
 No quebrará la caña doblada
y no apagará la mecha humeante,
hasta que haga triunfar la justicia;
21
 y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

Discusión sobre el poder de Jesús

Lc. 11. 14-15, 17-23 Mt. 9. 34 Mc. 3. 22-27
22 Entonces, le llevaron a un endemoniado ciego y mudo, y Jesús lo curó, devolviéndole el habla y la vista. 23 La multitud, asombrada, decía: «¿No será este el Hijo de David?».24 Los fariseos, oyendo esto, dijeron: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios».
25
 Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina; y una ciudad o una familia dividida no puede subsistir. 26 Ahora bien, si Satanás expulsa a Satanás, lucha contra sí mismo; entonces, ¿cómo podrá subsistir su reino? 27 Y si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. 28  Pero si expulso a los demonios con el poder del Espíritu de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. 29 ¿Acaso alguien puede entrar en la casa de un hombre fuerte y robar sus cosas, si primero no lo ata? Sólo así podrá saquear la casa.

La blasfemia contra el Espíritu Santo

Mc. 3. 28-30 Lc. 12. 10
30 El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. 31Por eso les digo que todo pecado o blasfemia se les perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. 32 Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro.

La raíz de las buenas y de las malas obras

7. 16-20 Lc. 6. 43-45
33 Supongan que el árbol es bueno: el fruto también será bueno. Supongan que el árbol es malo: el fruto también será malo. Porque el árbol se conoce por su fruto. 34Raza de víboras, ¿cómo pueden ustedes decir cosas buenas, siendo malos? Porque la boca habla de la abundancia del corazón. 35 El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; y el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad. 36 Pero les aseguro que en el día del Juicio, los hombres rendirán cuenta de toda palabra vana que hayan pronunciado. 37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado».

El signo de Jonás

16. 1, 4 Mc. 8. 11-12 Lc. 11. 16, 29-32
38 Entonces algunos escribas y fariseos le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas ver un signo». 39 Él les respondió: «Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. 40 Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.
41
 El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás. 42 El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón.

La ofensiva de Satanás

Lc. 11. 24-26
43 Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, 44 piensa: “Volveré a mi casa, de donde salí”. Cuando llega, la encuentra vacía, barrida y ordenada. 45 Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; vienen y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio. Así sucederá con esta generación malvada».

La verdadera familia de Jesús

Mc. 3. 31-35 Lc. 8. 19-21
46 Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. 47 Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte». 48 Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». 49 Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

LAS PARÁBOLAS DEL REINO


Introducción

Mc. 4. 1-2 Lc. 8. 4
13 1 Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. 2 Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. 3 Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.

La parábola del sembrador

Mc. 4. 3-9 Lc. 8. 5-8
Les decía: «El sembrador salió a sembrar. 4 Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. 5 Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;6 pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. 7 Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. 8 Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. 9 ¡El que tenga oídos, que oiga!».

Finalidad de las parábolas

Mc. 4. 10-12 Lc. 8. 9-10 Mt. 25. 29
Mc. 4. 25 Lc. 8. 18; 10. 23-24
10 Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?». 11 Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. 12 Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. 13 Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. 14 Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
Por más que oigan, no comprenderán,
por más que vean, no conocerán.
15
 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido,
tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos,
para que sus ojos no vean,
y sus oídos no oigan,
y su corazón no comprenda,
y no se conviertan,
y yo no los cure.
16
 Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.17 Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

Explicación de la parábola del sembrador

Mc. 4. 14-20 Lc. 8. 11-15
18 Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. 19 Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. 20 El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, 21 pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. 22 El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. 23 Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno».

La parábola de la cizaña

24 Y les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27 Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”. 28 Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”. Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29 “No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. 30 Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”».

La parábola del grano de mostaza

Mc. 4. 30-32 Lc. 13. 18-19
31 También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. 32 En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas».

La parábola de la levadura

Lc. 13. 20-21
33 Después les dijo esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa».

La enseñanza por medio de parábolas

Mc. 4. 33-34
34 Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, 35 para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
Hablaré en parábolas,
anunciaré cosas que estaban ocultas
desde la creación del mundo.

Explicación de la parábola de la cizaña

36 Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37 Él les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38 el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, 39y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. 40 Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. 41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, 42 y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. 43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!

La parábola del tesoro

44 El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

La parábola de la perla

45 El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; 46 y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

La parábola de la red

47 El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 48 Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. 49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, 50 para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Conclusión

51 ¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron. 52 Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

LAS PRIMICIAS DEL REINO DE LOS CIELOS


PARTE NARRATIVA


Visita de Jesús a Nazaret
Mc. 6. 1-6 Lc. 4. 16-24
53 Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí 54 y, al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en su sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. «¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? 55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? 56 ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?». 57 Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia». 58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

Juicio de Herodes sobre Jesús

Mc. 6. 14-16 Lc. 9. 7-9
14 1 En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, 2 y él dijo a sus allegados: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».

La muerte de Juan el Bautista

Mc. 6. 17-29 Lc. 3. 19-20
3 Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, 4 porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». 5 Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta. 6 El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes 7 que prometió bajo juramento darle lo que pidiera. 8 Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». 9 El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran 10 y mandó decapitar a Juan en la cárcel. 11 Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre. 12 Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

La primera multiplicación de los panes

Mc. 6. 31-44 Lc. 9. 10-17 Jn. 6. 1-13
13 Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. 14 Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. 15 Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». 16 Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». 17 Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». 18 «Tráiganmelos aquí», les dijo. 19 Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. 20 Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. 21 Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Jesús camina sobre el agua

Mc. 6. 45-52 Jn. 6. 16-21
22 En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 23 Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. 24 La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. 25 A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.27 Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman». 28 Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». 29 «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. 30 Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». 31 En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». 32 En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. 33 Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».

Curaciones en la región de Genesaret

Mc. 6. 53-56
34 Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. 35 Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, 36rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.

Jesús y las tradiciones de los antepasados

Mc. 7. 1-13
15 1 Entonces, unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron:2 «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?». 3 Él les respondió: «¿Y por qué ustedes, por seguir su tradición, no cumplen el mandamiento de Dios? 4 En efecto, Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: El que maldice a su padre o a su madre, será condenado a muerte5Pero ustedes afirman: El que diga a su padre o a su madre: “He ofrecido al Templo los bienes que tenía para ayudarte”, 6 está libre de los deberes hacia ellos. Así ustedes, en nombre de su tradición, han anulado la Palabra de Dios. 7 ¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, cuando dijo:
8
 Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
9
 En vano me rinden culto:
las doctrinas que enseñan
no son sino preceptos humanos».

La enseñanza sobre lo puro y lo impuro

Mc. 7. 14-23 Lc. 6. 39
10 Jesús llamó a la multitud y le dijo: «Escuchen y comprendan. 11 Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella». 12 Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?». 13 Él les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. 14 Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo».
15
 Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Explícanos esta parábola». 16 Jesús le respondió: «¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? 17 ¿No saben que lo que entra por la boca pasa al vientre y se elimina en lugares retirados? 18 En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que mancha al hombre. 19 Del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones. 20 Estas son las cosas que hacen impuro al hombre, no el comer sin haberse lavado las manos».

Curación de la hija de una cananea

Mc. 7. 24-30
21 Jesús se dirigió hacia el país de Tiro y de Sidón. 22 Entonces una mujer cananea, que salió de aquella región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». 23 Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». 24 Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». 25 Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». 26 Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». 27 Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!». 28 Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

Curaciones junto al lago

29 Desde allí, Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó.30 Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, ciegos, lisiados, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó. 31 La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.

La segunda multiplicación de los panes

Mc. 8. 1-10
32 Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino». 33 Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?». 34 Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?». Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados». 35 Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; 36 después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud. 37 Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas. 38 Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39 Después que despidió a la multitud, Jesús subió a la barca y se dirigió al país de Magadán.


La interpretación de los signos de los tiempos

12. 38-40 Mc. 8. 11-13 Lc. 11. 16, 29; 12. 54-56
16 1 Los fariseos y los saduceos se acercaron a él y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les hiciera ver un signo del cielo. 2 Él les respondió: «Al atardecer, ustedes dicen: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo como el fuego”. 3 Y de madrugada, dicen: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojo oscuro”. ¡De manera que saben interpretar el aspecto del cielo, pero no los signos de los tiempos! 4 Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro signo que el de Jonás». Y en seguida los dejó y se fue.

Advertencia contra la doctrina de los fariseos y los saduceos

Mc. 8. 14-21 Lc. 12. 1
5 Al pasar a la otra orilla, los discípulos se olvidaron de llevar pan. 6 Jesús les dijo: «Estén atentos y cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos». 7 Ellos pensaban: «Lo dice porque no hemos traído pan». 8 Jesús se dio cuenta y les dijo: «Hombres de poca fe, ¿cómo están pensando que no tienen pan? 9 ¿Todavía no comprenden? ¿No se acuerdan de los cinco panes para cinco mil personas y del número de canastas que juntaron? 10 ¿Y tampoco recuerdan los siete panes para cuatro mil personas, y cuántas canastas recogieron? 11 ¿Cómo no comprenden que no me refería al pan? ¡Cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos!». 12 Entonces entendieron que les había dicho que se cuidaran, no de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

La profesión de fe de Pedro

Mc. 8. 27-30 Lc. 9. 18-21
13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». 14 Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». 15 «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». 16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». 17 Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. 18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. 19 Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». 20 Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

El primer anuncio de la Pasión

Mc. 8. 31-33 Lc. 9. 22
21 Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. 22 Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá». 23 Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Condiciones para seguir a Jesús

Mc. 8. 34 - 9. 1 Lc. 9. 23-27 Mt. 10. 38-39  Lc. 14. 27; 17. 33 Jn. 12. 25-26
24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. 26 ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
27
 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. 28 Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino».

La transfiguración de Jesús

Mc. 9. 2-9 Lc. 9. 28-36
17


TRATADO DEL AMOR DE DIOS



SAN FRANCISCO DE SALES







Tratado del Amor de Dios

LIBRO II ORIGEN DEL AMOR DIVINO



ORACIÓN DEDICATORIA

1
Santísima Madre de Dios, vaso de incomparable elección, Reina del amor soberano; tu eres la mas amable, la mas amante y la mas amada de todas las criaturas. El Padre celestial puso sus complacencias en ti desde la eternidad, destinando tu limpio corazón para perfeccionar el amor santo, a fin de que un ida amases a su único Hijo con ternura maternal, de la misma manera que El le quiso desde toda la eternidad con amor de Padre.
2
¡Oh Jesús, mi Salvador! ¿A quién puedo dedicar lo que voy a decir de tu amor santo mejor que al Corazón amabilísimo de la criatura mas amada de tu alma? Mas ¡oh Madre victoriosa!, ¿quién volverá sus ojos hacia ti sin contemplar a tu diestra al que tu Hijo quiso por tu amor honrar con el titulo de Padre, uniéndole a ti mediante un matrimonio virginal para que fuese tu ayuda y auxiliar en la empresa de educarle y de sostener su infancia? ¡Oh gran José, esposo amantísimo de la Madre del Amado! ¡Cuántas veces llevaste en tus manos al Amor de los cielos y la tierra, mientras que con los abrazos y los besos del divino Infante derretiase tu alma de gozo cuando te susurraba al oído que tu eras su mayor amigo y su carísimo padre!...

* * *

Colocábanse las lamparas del antiguo templo sobre azucenas de oro (
1R 7,49)... María y José, criaturas sin igual, azucenas sacratísimas de incomparable belleza, entre las que el Amado se apacienta (Ct 6,2) y a todos sus amantes apacienta, si tengo alguna esperanza de que mi obra, inspirada en el amor, Consiga iluminar e inflamar a los hijos de la luz (Lc 16,8), ¿dónde puedo colocarla mejor que en medio de vosotros, flores donde el Sol de justicia, esplendor y blancura de luz eterna (1S 7,25-26), se recreo hasta el punto de poner ahí las delicias del amor inefable que su corazón volcó a nosotros?

3
¡Oh Madre amada del Amado! ¡Oh Esposo amado de la Amada! Con el rostro a vuestros pies, que a mi Salvador llevaron, yo ofrezco, dedico y consagro esta obrita del amor a la inmensa grandeza de vuestro amor, y os lo pido fervorosamente por el Corazón de Jesús, Rey de todos los corazones, adorado por los vuestros, estimulad mi alma y las almas de cuantos lean sus páginas Con todo vuestro poder para que se inflamen en el Espíritu Santo, a fin de que inmolemos en holocausto nuestros afectos a la Bondad divina, y vivamos, muramos y resucitemos eternamente entre las llamas de aquel fuego (
Lc 12,49) celestial que Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, deseo Con vehemencia encender en los corazones, y por ello no ceso de trabajar y de gemir hasta la muerte, y muerte de cruz (Ph 2,8).

¡VIVA JESUS!




CAPITULO IV PROVIDENCIA SOBRENATURAL DE DIOS SOBRE LAS CRIATURAS RACIONALES

Todo cuanto Dios ha hecho lo ha ordenado a la salvación de los hombres y de los ángeles; y he y he aquí el orden de su providencia a este respecto, según podemos deducirlo de la Sagrada Escritura y la doctrina de los Santos Padres, teniendo en cuenta la imperfecci6n con que solemos expresarnos. Dios conoció "ab aeterno" que podía crear un numero incalculable de criaturas de diversas especies y cualidades a las que El se podría comunicar, considerando que de todas las formas de comunicación no existiría ninguna tan excelente como la de unirse a alguna naturaleza creada, de tal suerte que la criatura fuese como injerta e incorporada a la Divinidad, formando con Ella una sola persona, su infinita bondad, que por si misma. tiende a comunicarse, resolvió y determino proceder de tal manera para que, así como eternamente hay una comunicación esencial en Dios, por la cual el Padre, engendrando al Hijo, le comunica toda su infinita e indivisible Divinidad, y el Padre y el Hijo juntos dan origen al Espíritu Santo comunicándole la propia y única Divinidad, esta Bondad soberana se comunico tan perfectamente a la criatura, que la naturaleza creada y la Divinidad, conservando cada una sus propiedades, quedaron íntimamente unidas en una sola persona.

240
Entre todas las criaturas que la soberana omnipotencia podía producir tuvo a bien escoger la misma humanidad que unió después a la persona de Dios Hijo, reservándole la honra incomparable de quedar estrechamente ligada a su Divina Majestad, a fin de que gozase eternamente los tesoros de la infinita gloria. Después, habiendo preferido para esta suerte la humanidad sagrada de nuestro Salvador, dispuso la divina Providencia no reducir su Bondad a la sola persona del Hijo amado, sino extenderla benignamente a muchas otras criaturas; sobre el cumulo de cosas que podía producir, determino crear a los hombres y a los ángeles, como para que hiciesen compañía a su Hijo, participasen de sus gracias y de su gloria y le adorasen y alabasen eternamente. Y viendo que podía realizar de muchas maneras la humanación del Verbo, por ejemplo, creando su cuerpo y su alma de la nada, o formando el cuerpo de alguna materia ya existente, como hizo a Adán ya Eva, o por generación ordinaria de hombre y mujer o, finalmente, por generación extraordinaria, mediante la mujer sin la intervención del hombre, determino hacerlo de esta ultima manera; y entre todas las mujeres que para ello pudo elegir escogió a Nuestra Señora, por medio de la cual el Salvador de nuestras almas seria no solamente hombre, sino también hijo del género humano.

Además, en obsequio al mismo Salvador, la divina Providencia determino producir todas las cosas naturales y sobrenaturales para que, sirviéndole ángeles y hombres, pudieran participar de su gloria; por la cual, aunque Dios quiso crearlos dotados del libre albedrío, con verdadera libertad de escoger entre el bien y el mal, para demostrar que la Bondad divina los había destinado al bien ya la gloria, creolos en estado de justicia original, amor delicado que los disponía y encaminaba a la felicidad eterna.

Mas como la suprema sabiduría había determinado combinar el amor original con el querer de las criaturas, en forma que aquél no forzase a éste, dejándolo libre así, previo que una parte, la mas pequeña de la naturaleza angélica, perdiendo voluntariamente el santo amor, perdería en consecuencia su derecho a la gloria. y como la naturaleza angélica solo podría cometer pecado mediante malicia expresa, sin tentación precedente ni motivo que la pudiera excusar, y por otra parte, la mas grande porción permanecería fiel al Salvador, Dios, que había glorificado de manera tan amplia su misericordia en la creación de los ángeles, quiso magnificar su justicia y, en la plenitud de su indignación, abandonar para siempre aquella desgraciada y triste facción de rebeldes que, obcecados por la soberbia, tan ingratamente habían intentado seducir a los demás y abandonarle.

Previo también que el primer hombre abusaría de su libertad y que, al perder la gracia, veríase privado de la gloria: pero no quiso tratar de manera tan rigurosa a la naturaleza humana, como lo había hecho con la angélica. De ella había decretado elegir una venturosa porción para unirla a su Divinidad; vio que era una naturaleza débil, cual soplo que se va, pero no vuelve (
Ps 77,39), es decir, que se disipa en el camino; tuvo en cuenta la emboscada que Satanás había preparado al primer hombre y la magnitud de la tentación, que dio al traste con su estado; considero que todo el género humano perecería tras la falta de uno solo, y por todos estos motivos miro con lastima a nuestra naturaleza y decidió prodigarle su misericordia. Pero a fin de que la dulzura de su misericordia apareciese adornada con la belleza de su justicia, penso salvar al hombre mediante una rigurosa redención, la cual no se podría cumplir sin intermedio de su Hijo; así estableció que éste redimiese a los mortales no tan solo con un simple acto de amor, mas que suficiente de suyo para rescatar millares y millares de mundos (Alusión, sin duda, a la célebre estrofa de Santo Tomas en el Oficio del Corpus), sino con todos los actos de amor y de dolor que él haría y soportaría hasta la muerte, y muerte de cruz (Ph 2,8) a la cual lo destino, queriendo que de esta manera fuese compañero de nuestras miserias para hacernos después participes de su gloria.

Mostró con ello las riquezas de su bondad (Rm 2,4 Rm 9,23), mediante una redención copiosa(Ps 129,7), abundante, sobreabundante, grandiosa y excelente, que nos proporciono y reconquisto todos los recursos necesarios para poder llegar a la gloria de manera que nadie pudiera quejarse de que la misericordia divina le tiene desamparado.


CAPITULO V LA DIVINA PROVIDENCIA DOTO A LOS HOMBRES DE ABUNDANTISIMA REDENCION

250
Teotimo, al decir que Dios había previsto y buscado primeramente una cosa y en segundo lugar otra, observando cierto género de orden en sus deseos, entiendo hablar según mi forma anterior de expresarme; a saber: que, aunque todo es efecto de un acto único y simple, el orden, la distinción o la dependencia de las cosas no han sido menos respetados que si hubiesen existido muchos actos en el entendimiento y en la voluntad de Dios. De que toda voluntad bien dispuesta, que se determina a querer muchos objetos igualmente presentes, ame mejor ante todo al objeto más amable, se sigue que la Providencia soberana, señalando "ab aeterno" su plan y sus rasgos a las cosas futuras, quiso primero y amo con preferente excelencia al objeto mas digno de su amor que es nuestro Salvador; y después, por orden, a las demás criaturas, según que se relacionen mas o menos con su honor y con su gloria.

Todo se hizo para este Hombre divino, que por eso es llamado primogénito entre todas las criaturas (
Col 1,15), poseído por la Divina Majestad antes que existiesen todas las cosas (Pr 8,22), creado al principio antes que todos los siglos, (Qo 24,14) en quien todas las cosas fueron hechas y que existe anteriormente a todo, y así todas las cosas fueron establecidas en El, y El es el jefe de la Iglesia, teniendo en todo y por todo la primacía (Col 1,16-18).

La viña se planta principalmente por el fruto: esto es lo que primero, se desea y busca, aunque las hojas y las flores precedan a la vendimia. Del mismo modo el Salvador fue primero en la mente creadora y en el plan de la Providencia al determinar la creación de todas las criaturas: en atención a este esperado fruto, planto la viña del Universo y estableció la sucesión de las generaciones que, a manera de hojas y flores, debíanle preceder como heraldos convenientes del divino racimo que la Esposa celebra en los Cantares (Ct 1,13), cuyo licor alegra a Dios y a los hombres (Jud 9,13).

¿Quién dudara ahora, Teotimo, de la abundancia de medios de salvación, si tenemos un tan grande Salvador, por cuya mira hemos sido creados y por cuyos merecimientos hemos sido redimidos? El murió por todos, porque todos estaban muertos (2Co 5,14); su misericordia fue más saludable para rescatar a la especie humana que dañina la culpa de Adán para perderla. Tan lejos estuvo el pecado de Adán de superar a la Bondad divina, que mas bien sirvió para excitarla y promoverla; de modo que, por una suave y amorosísima reacción y contienda se vigorizo a la vista del adversario y, como recogiendo todas sus fuerzas para vencer, hizo sobreabundar la gracia, donde había abundado la iniquidad (Rm 5,20).

De aquí que la Santa Iglesia, por un exceso santo de admiración, exclama en la vigilia pascual (En el Praeconium Paschale) : ¡Oh pecado de Adán, verdaderamente necesario, destruido por la muerte de Jesucristo! ¡Oh feliz culpa, que mereció tal y tan grande Redentor!" Bien podemos decir nosotros, ¡oh Teotimo!, lo del antiguo escritor (Plutarco, Vita Tem., 29) : "Estábamos perdidos si no nos hubiésemos perdido". Es decir, nuestra pérdida se ha trocado en ganancia, pues la naturaleza humana recibió más favores mediante la redención de su Salvador de los que hubiera recibido por la inocencia de Adán, si hubiera perseverado en ella. Aunque la divina Providencia dejo en el hombre grandes señales de su rigor junto a la gracia misma de su misericordia, como por ejemplo, deber morir, tener enfermedades, sentir trabajos, padecer rebeldías de los sentidos, es cierto que la divina Bondad, sobreponiéndose a todo, se complace en convertir esas miserias en mayor provecho de los que le aman (Rm 8,28), haciendo brotar la paciencia en los trabajos, el menosprecio al mundo ante la necesidad de morir y mil victorias sobre la concupiscencia: como el arco iris, cuando toca la planta llamada "palo rosa", la torna más fragante que azucena (Plinio, Hist. Nat., 12,24-52.), la redención de Cristo, en contacto con nuestras miserias, hácelas mas ventajosas y amables que la misma inocencia original.

Mayor fiesta habrá en el cielo, dice el Salvador, por un pecador arrepentido, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de penitencia (Lc 15,7). De la misma manera el estado de redención vale cien veces mas que el de inocencia. Al ser rociados por la sangre de Nuestro Señor Jesucristo con el hisopo de la cruz, adquirimos incomparable blancura, mayor que la de la nieve de la inocencia (Ps 50,9); salimos como Naaman (2R 5,14) del rio de la salud, mas puros y limpios que si jamás hubiésemos sido leprosos, a fin de que la Divina Majestad no sea vencida por el mal, sino que venza al mal por medio del bien (Rm 12,21), su compasión, como aceite sagrado, nade sobre el rigor del juicio (Jc 2,13), y sus misericordias estén muy por encima de todas sus obras (Ps 144 Ps 9).



CAPITULO VI FAVORES ESPECIALES DE LA DIVINA PROVIDENCIA EN LA REDENCIÓN DE LOS HOMBRES

260
Muestra Dios de admirable modo la riqueza incomprensible de su poder por tan grande variedad de cosas como vemos en la naturaleza, pero nos muestra con mayor esplendidez los tesoros infinitos de su bondad por la diferencia incomparable de bienes que reconocemos en la gracia. No se contento, Teotimo, en el colmo de su misericordia, con enviar a su pueblo, el género humano, redención plena y universal por la que cada uno de los hombres puede salvarse; sino que la diferencio de tantas formas que, reflejándose su liberalidad en esta variedad, la variedad hace ostensible su propia liberalidad.

Ante todo reservo para su Santísima Madre una gracia digna del amor de un Hijo que, siendo sabiduría, bondad y poder infinitos, debía prepararse Madre a gusto suyo. Quiso, pues, que su redención se le aplicase como remedio preservativo para que el pecado, que se transmitía de generación en generación, no llegase hasta Ella, preservada así de manera tan excelente que, cuando el torrente de la malicia original intento llevar sus aguas cenagosas sobre la concepción de esta Mujer privilegiada, con tanto empuje como el que se uso contra las otras hijas de Adán, al llegar ante Ella no paso adelante y se detuvo, como el Jordán en tiempo de Josué (
Is 3,16-17) y por semejante motivo: aquel rio suspendió su curso por respeto al Arca de la Alianza, y el pecado original retiro sus aguas por temor reverencial a la presencia del verdadero Tabernáculo de la eterna Alianza.

De esta manera libro a su Madre Dios de todo cautiverio (Ps 121,1), concediéndole el don de los dos estados de la naturaleza humana, pues tuvo la inocencia que el primer Adán perdió, y gozo, en grado muy excelente, la redención del segundo Adán; y como jardín escogido que debía dar el fruto de la vida, floreció en toda suerte de perfecciones. Hermoseando a su Madre el Hijo del Amor eterno con un vestido de oro recamado de piedras preciosas, la sentó a su lado como Reina (Ps 44,10), para ser la primera entre todos los elegidos en gozar las delicias de la divina diestra (Ps 15,11).

Esta Santísima Madre, como reservada completamente a su Hijo, fue redimida por El, no solo de la condena, sino de todo peligro de perdición, asegurándole la gracia en la perfección de la gracia; para caminar como bella naciente aurora (Ct 6,9) que va aumentando continuamente en esplendor hasta llegar al mediodía (b) Pr 4,18) b). Redención bien admirable, obra maestra del Redentor, la primera de todas las redenciones, por la que el Hijo, guiado de amor enteramente filial, previno a su Madre con bendiciones de dulzura (Ps 20,4) y la preservo no solo de pecado, como a los ángeles, sino de todo peligro de pecado de todo lo que pudiera distraerla o demorarle el ejercicio del amor. Mas aun: declara que entre todas las criaturas dotadas de razón que ha elegido, esta Madre es su única paloma, su toda perfecta, su queridísima amada sobre toda comparación (Ct 6,8 Ct 7,6). Dios reservo otros favores a un pequeño numero de criaturas excepcionales que quiso poner a salvo del peligro de condenación, como se asegura de San Juan Bautista y, probablemente, de Jeremías y de algún otro que la divina Providencia eligió desde el vientre de su madre, confirmándolos entonces en gracia perpetuamente a fin de que permaneciesen firmes en su amor, aunque sujetos a miserias humanas pecados veniales, cosas contrarias a la perfección del amor, pero no a1 amor mismo.

Estas almas, en comparación de las otras, son como reinas que, siempre coronadas de caridad, conservan el puesto principal en el amor de Cristo después de su Madre, Reina de reinas; Reina no solamente coronada de amor, sino de la perfección del amor y, lo que es más, coronada por su propio Hijo, objeto soberano del amor, pues los hijos son corona de sus padres y sus madres (Pr 17,6). Existen otras almas que Dios quiso dejar expuestas durante algún tiempo, no al peligro de condenarse, sino de perder su amor.

Hasta permite que lo pierdan en efecto, no asegurándoselo a lo largo de esta vida, sino solo para el fin de ella y por cierto periodo. Tales fueron los Apóstoles, David, la Magdalena y otros que durante un tiempo permanecieron apartados del amor de Dios, pero que, una vez convertidos (Qo 24,24) , fueron confirmados en gracia hasta la muerte, de modo que desde entonces, aun permaneciendo sujetos a imperfecciones, viéranse libres de pecado mortal y, por ello, del riesgo de perder el amor divino. Fueron como amigas santas del Esposo celestial, vestidas así, con el traje nupcial del sacratísimo amor, pero no coronadas, porque la corona es adorno de la cabeza, parte principal de la persona, y habiendo estado sujetas al amor de las cosas terrenas, esa parte principal no puede ceñir corona de amor celeste, siéndoles bastante llevar el traje que les permite participar del tálamo con el Esposo divino y vivir eternamente felices en compañía suya.


CAPITULO VII ADMIRABLE ECONOMIA DE LA DIVINA PROVIDENCIA EN LA DIVERSIDAD DE GRACIAS QUE DISTRIBUYE ENTRE LOS HOMBRES

270
La divina Providencia concedió una incomparable gracia a la Reina de las reinas, Madre del amor hermoso (
Qo 24,24), singularmente perfecta. También concedió extraordinarios favores a otros seres. Después, esta Bondad soberana derramo abundantes bendiciones sobre todo el género humano y sobre la naturaleza angélica, de las cuales están como saturados, a semejanza de lluvia que cae sobre buenos y malos (Mt 5,45); todos fueron iluminados como por una luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9). Todos han recibido su parte como de sementera que cae no solamente en buen terreno, sino también por el camino, entre las espinas y las piedras (Mt 15,5-8), a fin de que todos queden inexcusables (Rm 1,20) delante del Redentor si no emplean redención tan superabundante para su propia salvación eterna.

Aunque lluvia tan copiosa de gracias, Teotimo, haya sido derramada sobre el género humano, y con ello se nos haya ofrecido, a todos por igual, tamaño numero de bendiciones, su variedad es tan grande que no se puede decir qué resulta más admirable, si la grandeza de todas las gracias reflejada en tan gran diversidad, o la diversidad puesta de manifiesto en tanta grandeza. ¿Quién no echa de ver que entre los cristianos los medios de salvación son mayores y más eficaces que entre los bárbaros (Contra lo que se pudiera pensar, este adjetivo esta usado aquí en su sentido propio, aunque espiritual) y que entre los cristianos mismos existen pueblos y ciudades donde los pastores trabajan con mayor preparación y fruto? Negar que tales medios externos son favores de la Providencia divina, o poner en duda que contribuyan a la salvación y perfección de las almas, seria ingratitud hacia su bondad excelsa y desmentir la verdadera experiencia, que nos hace ver que, ordinariamente, donde estos medios exteriores abundan, los interiores son más productivos y eficaces.

Así como nunca se ven dos hombres perfectamente iguales en dones de naturaleza, tampoco encontraremos dos seres idénticos en los sobrenaturales. Los ángeles, como aseguran San Agustín y Santo Tomas (SANTO TOMAS, I 62,6), recibieron la gracia según la variedad de sus condiciones naturales. Ahora bien, todos ellos son o de diferente especie o, al menos, de diversas condiciones, puesto que se distinguen los unos de los otros por tanto, existen tantas gracias diferentes cuantas son las diversidades de ángeles. Aunque, respecto a los hombres, las gracias no se les concedan según las condiciones naturales, la Bondad divina, no que se complace y, por decirlo así, se entretiene en producir gracias, las diversifica de mil maneras, para que se forme el bello esmalte de su redención y misericordia: por lo cual la Iglesia canta en la festividad de todo confesor pontífice; No se ha encontrado ninguno semejante a él (Qo 44,20). Y como en el cielo nadie conoce el nombre nuevo salvo quien lo recibe (Ap 2,17), porque cada uno de los bienaventurados tiene su particularidad según la gloria que adquiere, en la tierra cada uno recibe una gracia singular, diversa de todas las demás.

Así nuestro Salvador compara sus gracias a las perlas (Mt 13,45-46), las cuales, como dice Plinio (Hist. Nat., 9,35), se llaman también uniones, porque son tan únicas cada una en sus cualidades, que no se encuentran dos enteramente idénticas; de la misma manera que cada estrella se diferencia de las otras en claridad (1Co 15,41), los hombres serán diferentes unos de otros en la gloria, señal evidente de que lo fueron en la gracia Esta variedad en la gracia, o esta gracia en la variedad, produce una divina hermosura y una suavísima armonía que alegra a la santa ciudad de Jerusalén.